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11 Apr 2022 07:38:55 UTC
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El alambre de púa de Horacio Quiroga - RELATO DE TERROR - LA VOZ SILENCIOSA
🐴🐄Durante quince días el caballo alazán había buscado en vano la senda por donde su compañero se escapaba del potrero. El formidable cerco, de capuera –desmonte que ha rebrotado inextricable–, no permitía paso ni aun a la cabeza del caballo. Evidentemente no era por allí por donde el malacara pasaba. <br /><br />-------------------------------------<br />💖 HAZ CLICK EN EL BOTÓN "UNIRME" que hay debajo del vídeo y tendrás acceso EXCLUSIVO a contenidos y otros eventos.<br />-----------------------------------<br />A PETICIÓN DE VARIAS PERSONAS HE ACTIVADO LAS DONACIONES.: <a href="https://paypal.me/DIAZSALADO" target="_blank" rel="nofollow">https://paypal.me/DIAZSALADO</a><br />-----------------------------------<br />SEGURO QUE TE INTERESA ESTE AUDIOLIBRO:<br />LOS QUE SE FUERON A LA PORRA, DE ÁLVARO DE LAIGLESIA<br /><a href="https://youtu.be/Jog4phFlzVs" target="_blank" rel="nofollow">https://youtu.be/Jog4phFlzVs</a><br />-----------------------------------<br />CUENTOS Y RELATOS A MEDIANOCHE<br /><br />El alambre de púa, de Horacio Quiroga<br /><br /><br />Durante quince días el caballo alazán había buscado en vano la senda por donde su compañero se escapaba del potrero. El formidable cerco, de capuera –desmonte que ha rebrotado inextricable–, no permitía paso ni aun a la cabeza del caballo. Evidentemente no era por allí por donde el malacara pasaba. El alazán recorría otra vez la chacra, trotando inquieto con la cabeza alerta. De la profundidad del monte, el malacara respondía a los relinchos vibrantes de su compañero con los suyos cortos y rápidos, en que había una fraternal promesa de abundante comida. Lo más irritante para el alazán era que el malacara reaparecía dos o tres veces en el día para beber.<br /><br />Prometíase aquél, entonces, no abandonar un instante a su compañero, y durante algunas horas, en efecto, la pareja pastaba en admirable conserva. Pero de pronto el malacara, con su soga a rastra, se internaba en el chircal, y cuando el alazán, al darse cuenta de su soledad, se lanzaba en su persecución, hallaba el monte inextricable. Esto sí, de adentro, muy cerca aún, el maligno malacara respondía a sus desesperados relinchos, con un relinchillo a boca llena.<br /><br />Hasta que esa mañana el viejo alazán halló la brecha muy sencillamente: cruzando por frente al chircal, que desde el monte avanzaba cincuenta metros en el campo, vio un vago sendero que lo condujo en perfecta línea oblicua al monte. Allí estaba el malacara, deshojando árboles. La cosa era muy simple: el malacara, cruzando un día el chircal, había hallado la brecha abierta en el monte por un incienso desarraigado. Repitió su avance a través del chircal, hasta llegar a conocer perfectamente la entrada del túnel. Entonces usó del viejo camino que con el alazán habían formado a lo largo de la línea del monte.<br /><br />Y aquí estaba la causa del trastorno del alazán: la entrada de la senda formaba una línea sumamente oblicua con el camino de los caballos, <br />...<br /><a href="https://www.youtube.com/watch?v=Ih3-C0dPV3o" target="_blank" rel="nofollow">https://www.youtube.com/watch?v=Ih3-C0dPV3o</a>
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